domingo, 29 de junio de 2014
.
Te odio.
Bonita expresión.
Pero no la voy a utilizar contigo. Contigo no. Porque para qué mentirnos, no te odio. Te sigo queriendo, o teniendo cariño, no lo sé. Lo único que tengo claro es que quiero estar otra vez como estábamos antes; que echo de menos que me hicieras llorar de la risa; que me encantaría volver a disfrutar contigo; y que pierdo los vientos por continuar con eso que tanto bien me hacía.
Pero no puedo hacer nada. Te veo bien así. Y yo aparento estar bien. Que no lo estoy, y seguramente con el tiempo esto se arregle, pero por ahora sigo echándote de menos, que por lo que veo es lo único que sé hacer bien respecto a ti.
Oye, que si lees esto lo más seguro es que pienses que es por ti, y sí, es por ti. No suelo expresar mis sentimientos a nadie, pero la ocasión lo merece:
Te echo de menos, quizás tú a mí no, sé que se puede estar sin mí de puta madre; pero también soy consciente de que puede haber una posibilidad de que a ti también te duela. Una amistad así no se olvida. ¿Que tú me hayas olvidado? Lo dudo mucho. Llámame egocéntrica, pero pienso que no soy tan poca cosa como para que me olvides en tan poco tiempo.
Y que, bueno, que te vaya bien. No puedo decirte nada malo aunque todo esto sea por culpa tuya, por no saber reconocer lo que hacía por ti. No puedo. Porque lo bueno que has hecho supera con creces a lo malo.
Siempre voy a estar dispuesta para ti, para volver a lo que éramos. Lo estés tú o no.
Y que gracias. Por todo en general, gracias.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)