Arrullar mis unidades mínimas,
romper el cristal de nuestra alarma.
Suene el grito de mi inconsciente
al besarme tu instinto.
Escribir entre humedad y oídos
una fábula de rascacielos que pueda
ser leída sin ser tocada.
Llamar a las estrellas arte,
aunque inútil encerrarlo en obra
si se derraman con mi acecho.
Madera que responde a lo que oye,
ojalá guarde el éxito del gesto puro
y perviva en la fábula no escrita.
Dibujar en mis peldaños el rumbo
del ello al nacer de mi causa.
Por mi culpa, por mi gran culpa, y
por el lucero volver al yo,
rienda suelta al control
de mis venas cuando quieren explotar
en pedazos de ti.
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