Me cago en quien no te haya querido.
Callao,
una llama en plata que no se quiere apagar.
Un alma roja, deshecho en cristales
de menos de diez centímetros de altura,
profundidad incolora.
Te veo en el humo de mis cilindros,
o quizás en las luces, pero blancas.
Donde estás, donde ya no hay tú,
donde ahora las visitas son por compromiso.
Tenías ojos de azúcar, nunca los vi azules.
Ampliados y fieles a quien eras,
bailaban pasodobles con la sota de bastos.
Quién pudiera haber sido cayado y mantener
te en pie la casa, para llorar tres días y verte
al cuarto durmiendo a las once.
Quién pudiera perder contra ti,
con trampas, pregonándolas, pregonándote.
Quién te viera los ojos, azules, y convertirlos en sus favoritos,
sentir desconfianza en los negros,
y saber que el querer estuvo en los tuyos.
Me cago en quien no se acuerde de quererte.
domingo, 28 de octubre de 2018
A mí.
Estoy llena, llena de mí,
más llena que nunca,
abrumada de tanto yo,
de tanta seriedad tan mía,
harta de consciencia.
Estoy gris, tallada en mármol,
quieta en un ruido mío que quiere salir.
Obstruida por mí, vaciada por mí.
Quiero no sentirme en los límites al estar
presente aquí, que mi pelo pare, se estanque
conmigo y separe mis elementos.
Estoy vacía, vacía de mí,
más vacía que nunca,
desvelada y sin cinturón,
abrumada de tan poco de mí,
de tanta seriedad nunca mía,
harta de inconsciencia.
más llena que nunca,
abrumada de tanto yo,
de tanta seriedad tan mía,
harta de consciencia.
Estoy gris, tallada en mármol,
quieta en un ruido mío que quiere salir.
Obstruida por mí, vaciada por mí.
Quiero no sentirme en los límites al estar
presente aquí, que mi pelo pare, se estanque
conmigo y separe mis elementos.
Estoy vacía, vacía de mí,
más vacía que nunca,
desvelada y sin cinturón,
abrumada de tan poco de mí,
de tanta seriedad nunca mía,
harta de inconsciencia.
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