domingo, 28 de octubre de 2018

A la lumbre.

Me cago en quien no te haya querido.

Callao,
una llama en plata que no se quiere apagar.
Un alma roja, deshecho en cristales
de menos de diez centímetros de altura,
profundidad incolora.

Te veo en el humo de mis cilindros,
o quizás en las luces, pero blancas.
Donde estás, donde ya no hay tú,
donde ahora las visitas son por compromiso.

Tenías ojos de azúcar, nunca los vi azules.
Ampliados y fieles a quien eras,
bailaban pasodobles con la sota de bastos.

Quién pudiera haber sido cayado y mantener
te en pie la casa, para llorar tres días y verte
al cuarto durmiendo a las once.
Quién pudiera perder contra ti,
con trampas, pregonándolas, pregonándote.
Quién te viera los ojos, azules, y convertirlos en sus favoritos,
sentir desconfianza en los negros,
y saber que el querer estuvo en los tuyos.

Me cago en quien no se acuerde de quererte.

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