De tantos favores que te pedí
olvidé hacérmelos a mi.
Ni robaste ni regalé,
huiste para que no lo hiciera yo,
y esperando tu permiso estuve
tantas noches como dobles días.
A veces en los balcones no cabe el llanto,
solo palpita y ondea.
En algún momento podré hablarme
sobre la vuelta, los seísmos, las gárgolas de hueso,
las aguas secas, la velocidad...
Podré darle nombre a la miseria
para no crear la mía, y así,
rotar sobre el propio eje
hasta explotar las burbujas de color violín.
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