El otro día estaba aburrida y pensé "¿por qué no hacerle una visita?". Fui a verte, a pesar de que mi cabeza seguía comiéndome, intentando decirme que no era lo mejor, continué. Por el camino me entretuve, y cuando iba a retomar el sendero "voy a ver a mi... A mi qué...". Fue bastante absurdo, aún más absurdo que todo esto, mucho más.
Pero es verdad, no eres mi...nada. Ya no me une a ti ni un simple "hola". Tu nombre ya no va acompañado por un "mi" delante cuando lo pronuncio; ahora va con complementos detrás, quizás insultos.
No, insultos no. No sería capaz de mentir y llamarte gilipollas, insensible... Porque sería mentira, y sólo estaría intentando convencerme de que no fuiste lo mejor que me ha pasado. Aunque muy a mi pesar así sea. Qué quieres, es verdad.
Lo raro es que no me haces falta, no te echo de menos a ti; extraño las conversaciones, tu voz, tu risa, tus palabrotas, tus piques. Pero no a ti.
Y creo que nunca te quise. Siempre quise nuestra situación, que joder, era preciosa. A ti te quería, claro que te quería, cómo no hacerlo, pero de otra forma.
Me enamoré de unas palabras que no tenían sentido, y creí que lo estaba haciendo de alguien que se lo daba a mi vida.
También sé que lo que acabo de decir no tiene sentido. Nada tenía sentido ni lo sigue teniendo. Yo no tenía sentido, tú no tenías sentido, y nosotros no teníamos sentido.
Nada.
Y en nada se quedó.
No hay comentarios:
Publicar un comentario