lunes, 18 de agosto de 2014
Agua sucia.
Pensemos: ¿necesitamos a ese 'alguien' de verdad o es sólo que nos hartamos de buscar y consideramos que el mínimo afecto es todo, cuando no es nada? Un día te hartas de pensar en lo que lleva tiempo rondándote la cabeza y dejas que la razón te guíe por un instante que quizás sólo sea eso: un instante; al momento vas a seguir igual que antes, vuelta a empezar, vuelta a tener en mente lo único que no debemos tener. Es complicado de explicar, lo intentaré:
En una pecera hay seis peces. Uno de ellos eres tú, valiente y arrogante queriéndote comer el mundo dentro de tu pecera. Crees que lo quieres todo, que siempre vas a necesitar a otro pez a tu lado apoyándote, y da la casualidad que los otros cinco peces están de tu parte; lo tienes todo. Intentas tener al primer pez, y al poco tiempo no aguanta. No le atosiga el agua sucia, el problema es que a ti te ha dejado de interesar su comida, él empieza a odiar tu forma de aletear, y os hartáis; seguís en la misma pecera, pero cada uno por su lado, sin mirar al que por un tiempo fue el mejor pez. Al segundo pez lo que le sucede es que aborrece la comida que le cedes, le das todo y él no te da nada, simplemente eres el que acaba con la aleta rota y las branquias hartas de luchar por respirar. El tercer pez llega cuando el segundo está en la marca de salida, cuando todo está rompiéndose y necesitas a alguien con quien compartir algas y burbujas. Este pez sigue, a pesar de las fracturas de espina, de cola, y de todas las noches esperando a que nos dieran comida; este sigue, y nunca se va. El cuarto pez lo da todo por ti, y tú por él. Todo. Este es el que no te abandona, el que soporta por ti todo lo que una pequeña pecera puede acontecer y más. El que no permite que te ahogues en ese diminuto espacio, y el que sólo pretende ayudarte para que logres convertirte en el pez que siempre quisiste ser. Este nunca se irá, nunca querrás que se vaya, porque cuando lo haga sí que morirás, no bastará toda la comida del mundo ni la pecera más grande que puedan concederte. Y bueno, llega el quinto. Este es el más complicado, con el que te peleas por nada, el que aborreces con sólo mirar. Pero da la casualidad que es el único que hace dejes por un momento de jugar por sólo pelear con él. Lo dejas todo si te dice algo, por insignificante que sea. Es el pez especial. El que deseas con todas tus fuerzas, el que ni por todo el oro del mundo querrías que se fuera de tu lado, porque es tu pez, tuyo.
No sé si me habéis entendido. Tú, el último pez, has logrado tener a tu manera a esos cinco peces, la mayoría no los has conseguido, y quieres seguir consiguiendo peces. Hasta que no haya más, y el que tenga que morir seas tú, porque has acabado con todo, no te queda nada. Mientras tanto seguirás con el tercer, cuarto y quinto pez; pero nunca sabrás cuando estos se vayan lo que pasará contigo, si seguirás necesitando a alguien, o si las branquias se te acostumbrarán a respirar sin agua.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario