viernes, 20 de noviembre de 2015

Sólo siento.


Me limito a observar, a medir cada poro de su piel y sentirlo como un tesoro cada cual más valioso. Sólo sé quererle y callar. Mi boca se empeña en no pronunciar palabra alguna como respuesta a sus bonitas muestras de que me ama como nadie lo ha hecho. La necesidad de sentirlo como mío, de no ser dos separados sino fundirnos en un sólo individuo, de ahogar todos mis miedos en sus ojos y alzar mi felicidad en su sonrisa. No hay mejor sueño que él confesándome que sólo cree en nosotros, que no hay Dios que pueda equiparar su poder al nuestro, y que si existe un cielo se encuentra entre mis brazos. No puedo amarle más, lo juro por lo que más quiero -él-. No me veo capacitada para ver florecer esto en mí aunque ya esté más que desarrollado. Que mi mayor miedo es alejarme del mundo que me dio la vida tras la muerte y sol cuando pasó el tornado. Que no hay mayor dimensión que la que pueda medirse con esto que siento.
Ojalá vieras con mis ojos lo mucho que has construido tú solo y lo puro que está mi aire ahora que tú respiras en él.

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