miércoles, 11 de noviembre de 2015

Callar.


Callar.
No pronuncies el mínimo sonido. Disfruta del silencio, siente cómo te llena de felicidad no escuchar nada a parte de su respiración. Sólo siente cómo te elevas del suelo y cómo deseas no volver nunca a pisarlo.
Pozo sin fondo el de sus ojos. Vivir en ellos, respirar en ellos. Debo estar loca para querer hundirme en el mar de sus lágrimas y perderme, pero con él.
Que mi miedo es estar agonizando y pensar en lo que pude ser y no fui, porque para qué decir algo que no: sólo soy y seré si te quedas. Que mi parte de la naranja no necesita otra mitad que no sea la tuya porque ninguna otra sabe llenar los huecos que las otras dejaron por su corrosión.
Que nunca me he sentido tan viva como cuando me miras. Que soy una cobarde por estar gritando esto a tus espaldas aunque ya sepas lo que se esconde en mí. Que mi mayor deseo es que todos encuentren a su pieza perdida para que puedan saber lo que es esto. Que no hay mejor sentimiento que el tenerte, ni peor que el no hacerlo.
Y que sé que es mejor callar y no desvelar que sé que no he querido a nadie así porque nunca antes había hablado de silencios, de ojos, de piezas...

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