domingo, 26 de febrero de 2017

Para Pablo Ráez

Tú, espada incansable,
derribaste a cualquier enemigo de tu alma.

Surcabas el respirar como hijo de Neptuno,
llamabas a la alegría motor,
a la vida tesoro.
No existía universo
que no cupiera en ti.
Cuando el cielo se volvía negro,
lo tintabas de añil con tu aliento,
escupías al espejo tu grito de guerra:
"soy la espada incansable que te derribará,
enemigo de mi alma".
Maestro, enseñabas a olvidar,
y a recordar lo que hace grande
cuando se está menguando.

Serás del aire,
por la espada incansable que fuiste.
Ahora que el firmamento sólo puede verse oscuro,
la estela de su espada nos recordará que fue celeste,
y lo será hasta que tú, hijo de Neptuno, dejes de navegar
en nuestra memoria.

De aire y humo

De lo que nos resguarda nuestras pestañas,
cubiertas por la tela que un Norte con amnesia
teje para los ojos ciegos.
Quejidos de pájaros en jaulas,
ríos bermejos ocultos en las ruinas de su cárcel,
que ahogan, anegan, hunden
lo que ya estaba ahogado, anegado, hundido.
Esquinas consumidas por la pólvora
que escapa, que derrumba a las cenizas de sus cenizas,
que es espina y araña el humo.

Lloradle al septentrión.
Si os cierran las puertas del paraíso,
lloradle a su foco,
que sobre su espalda no está la culpa
de no ver jaula, de no ver ceniza.
Son los que ven con los ojos secos y no miran.
Pero vosotros miráis con el mar en los ojos,
y no veis.

Féretros cansados de flotar,
cunas de nube que viven,
y reviven emociones encerradas.
Sus venas gritan, se desgañitan, escapan,
jurando que no son de allí.
La pólvora araña, la pólvora escapa;
los quejidos ahogan, anegan, hunden;
el Norte no llora, el Norte no ve ceniza,
y en los sueños de manos tiznadas
nace tela de aire y humo
que no ciega al Trópico de Cáncer.















Fuiste

Hace tiempo fuiste
y de qué manera...
Naciste en el mejor momento
y te llevó abril consigo en el bolsillo derecho
con un puñal bañado en sangre en el izquierdo.
Desprendías un olor dulce y reservado,
que aún retienen mis sentidos,
que conservan la esperanza de volver a dormirse en él.
Fuiste la estrella polar y yo no tenía rumbo.
Fuiste las alas, y la caída.
Fuiste quien quitó la espina,
para más adelante reemplazarle tú en su función.
Te llevó abril y tú callando.
Te llevó porque quisiste ir, fuiste porque quiso llevarte.
Ojalá te hubieras quedado en julio.
Demasiado estaría pidiendo, si tú quieres abril para siempre
y yo quiero un agosto para cumplir la eternidad
que decidiste vivir en primavera.
Renunciaste al estío,
el que no fue tu espina
el que se disfrazó de estrella polar
el que no pidió tu elección.
Ígneo amor debes sentir por un mes que sólo
quiebra el brillo que el resto del año te brindó.


17/10/16