lunes, 26 de noviembre de 2018
A Julia.
domingo, 25 de noviembre de 2018
Al nuevo.
Y otra vez siento que alguien me arropa,
me agarra de una costilla y saca lo que encuentra,
vacía mi baúl, lo remueve y me lo tira a la cara
solo para decirme que sigue ahí.
Ya no me asfixias con lo que todavía no sé,
ni detonas bombas;
pero cada día te fundes más en las llamas perdidas,
alimentas el destello mínimo que queda en mí,
y me aniquilas con ojos de porcelana.
Te has quedado y me has hecho desde dentro,
sin preguntar de más ni abrirte de menos,
despertando un volcán desde cenizas,
erupcionándome toda.
Por mucho humo que fueres
seguiría atenta al calor de mi pecho,
olvidaría las medias verdades,
preferiría quedarme encerrada
en esta efervescencia eternamente,
en la que tú fueras burbuja
y yo te mirara detrás del cristal.
Al antiguo.
En tu encanto están las medias verdades,
nunca me dejas ver la realidad
a no ser que la aparte yo
para verte.
Quiero que me digas lo que piensas,
que no me asfixies con lo que todavía no sé,
que te calles si no tienes nada más.
Eres un reto a mi paciencia,
el colmo de mi incredulidad,
un puñal a mi fe.
¿Has venido para hacerme creer en lo universal?
Quizás fugaz, te siento ardiente,
fundido con mis llamas perdidas,
extasiado de no tocarnos,
ahogado en la parte medio vacía del vaso,
sin ánimos de sentirme.
Detonas bombas, masacras bases fijas,
hundes planos, y te vas sin despedirte.
Porque sabes que detrás del
desastre hay otro más grande
esperándote.
Ojalá no seas humo y pueda respirarte,
puedas quedarte en mi cama
para hacerla desde dentro.
Ojalá me cierres las palabras
y me dejes encontrando el porqué
del calor en mi pecho.