Dos canicas brunas ocupan nuestro aire
mejorándolo, llenándolo de sencillez oscura,
muy tuya y pura.
Hasta cuando lloras son dos lunas,
incluso si ríes me ciegan
de ternura, y devuelven el bien que hice.
Más grandes que todo lo que hemos sido antes
y lo que todavía no es.
Los ojos de charol, una casa de muñecas,
con fiestas celebradas,
donde solo estaba yo;
vuelve el espíritu olvidado del verano
en el que te buscaron.
Me basta verlos crecer para sentirte
mía y con la obligación de hacerte
creer libre.
Para que sepas que a lo que tú quieras
se llega, y que todos los planetas están en ti.
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