jueves, 27 de diciembre de 2018

A mí, todavía.

Mírame en el espejo, 
¿qué crees?
Mírame, señálame, 
forma un ángulo de treintaiseis grados
con tu índice y cúlpame de lo que te pase. 
Trátame como tratarías a quien hiciera esto. 
Abandóname y sé Medusa en el reflejo, 
aplasta una de las dos cabezas que salen de mi cuello, 
la que sea más feliz, y díselo 
a todo el que puedas: 

«La otra era la buena, la mala, 
y yo no era nada.
Regañaba y solo me escuchaba yo.
Puede que venga alguna más
a taparme y llamarme cobarde, 
pero será ella, que no se atreve a verbalizar

lo que llevo gritando años y retumba con eco».

martes, 18 de diciembre de 2018

A mí, otra vez.


Recién roto el huevo, pasivo ante el viento,
lloriquea por las nubes, por un taladro,
por las noches en las que busca coralina.

Ahora falta reloj para tantas horas,
encajado él en mí y yo ahogada en él.
Ahora sigo atada a una puerta de madera
blindada al alquitrán de una caja amarilla.
Ahora no río porque no puedo.
Demasiado hondo el pantano 
y muy corto mi cuerpo.

Aunque lo sea floto, 
me mantengo en un aleteo de crucero,
inspiro, expiro y aspiro
a mí.

La cinta sin sobrepasar está 
por encima de mi hipotálamo,

nunca por delante.

A los miradores a los que todavía no he ido


Yo no soy de aquí. 
No he sido de ningún sitio hasta ahora, 
cuando he observado desde otros ojos 
lo que vi y no miré suficiente.

Yo no soy de espuma, ni de luces
ensordecedoras.
No quiero que me imaginen en una calle larga
de mil personas de mármol.
Soy de rincones, piedras, de sentirme-
sentarme en mi sitio.

Soy de ascuas y maullidos, 
de no hablar, decirlo todo, 
callarme el hogar y gritar la tienda de campaña.

He huido seis años de mi vida,
sigo queriendo hacerlo, 
pero no desde la casa de otro. 
He soñado durante seis años con salir de quien era, 
para darme cuenta en dos meses 
de que soy quien soy porque fui solo allí.


Granada, ven a mi.