Recién roto el huevo, pasivo ante el viento,
lloriquea por las nubes, por un taladro,
por las noches en las que busca coralina.
Ahora falta reloj para tantas horas,
encajado él en mí y yo ahogada en él.
Ahora sigo atada a una puerta de madera
blindada al alquitrán de una caja amarilla.
Ahora no río porque no puedo.
Demasiado hondo el pantano
y muy corto mi cuerpo.
Aunque lo sea floto,
me mantengo en un aleteo de crucero,
inspiro, expiro y aspiro
a mí.
La cinta sin sobrepasar está
por encima de mi hipotálamo,
nunca por delante.
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