martes, 26 de agosto de 2014
Alma de gato.
Creo que pocas veces he tenido ojeras moradas y a la vez los ojos hinchados, y hoy es una de ellas. Cogerle ganas a la vida y en pocos meses perderla. Es un fracaso más entre todos los que he tenido y tendré, pero por el momento me está consumiendo. Me está desgastando como una triste vela, pequeña y agotada, que tuvo su momento de luz pero alguien vino para apagarla. Espero poder recordar esto como algo que me hizo más fuerte y no como una época en la que mi pequeño mundo se derrumbó y nadie podía ayudarme a construirlo de nuevo.
Al mi lado siempre está ella, mi gata. Me mira y es como si me dijera 'eh, me estoy poniendo juguetona para ti', como si me ayudase inconscientemente. Lo genial que sería ser un gato. No sentir dolor por nada ajeno, no convertirse en un monstruo por factores externos, no vivir condicionado a los demás esperando a que alguien haga algo por ti cuando ni tú puedes salvarte. Ojalá viviera en un alma libre de culpa, en el que nada me detuviese ni nadie me pasase por encima. Ojalá pudiera agarrarme a la fuerza como ella se sujeta a un tronco de árbol. Ojalá yo fuera tan fuerte como para decir que no voy a caer nunca más; pero siempre está el precipicio y alguien empujándome al vacío, y ni soy un gato para sostenerme ni hay nada a lo que sujetarme.
lunes, 25 de agosto de 2014
Otra vez, el dolor.
¿Cuando extrañáis a alguien cómo os sentís? ¿Qué se os pasa por la cabeza? A veces siento que nadie sabe lo que es echar de menos a alguien, ya que hasta decís 'te quiero' sin sentirlo de verdad. ¿Os hacéis una idea de lo que le pasa a mi respiración cuando siento que me falta alguien? El diafragma se contrae con fuerza, luchando por coger más aire por la boca porque mi querida napia ha decidido atascarse. Casi nunca esa persona se va definitivamente; siempre que mi estado de ánimo se basa en esta mierda es porque mi mente se esfuerza en hacerme creer que no le voy a ver más aunque sea posible, estando tal persona a mi lado no literalmente pero sí detrás de una pantalla. Lo que se siente no es tristeza, es soledad. Pensar que sin esa persona estás, se podría decir, perdida. Que te de tal abrazo que todas las piezas rotas se vuelvan a unir. Eso, eso echo de menos. Poder decir que lo tengo a mi lado, y que no me siento sola la mayor parte del tiempo. Tener el privilegio de gritar que no me duele nada porque de verdad no me duele. Hace tiempo que dejé de tener esa suerte.
Anteriormente dije que el dolor es opcional, pues yo prefiero sentirlo, para así poder asegurarme de seguir viva.
jueves, 21 de agosto de 2014
Despedida.
No sé si será el tiempo, las ganas, yo, mi alrededor, o simplemente que la imaginación se me desgasta. Ya no tengo la musa que antes me hacía escribir, ni el dolor que comprendía lo que salía de mis dedos tecleando. No es que ahora no sienta el dolor, que lo hago; está conmigo todos y cada uno de mis días, a su manera. Ya no me impide respirar, tampoco invade días, ni me presiona el pecho. El dolor no es opcional, es algo que queramos o no va a estar ahí. Podemos hacerle caso, darle el gusto de meterse dentro y ponerlo todo patas arriba. Que derribe lo poco que quedaba en pie, y arrase con lo que todavía no había sido devastado. Que no nos deje continuar, que nos oculte la salida. O podemos ignorarlo. Como he dicho, no es algo que elijamos, ni él a nosotros; no tenemos el poder de asignar dolores a dolientes, pero sí podemos seleccionar la opción de 'no seré yo quien lo pase mal ahora'.
lunes, 18 de agosto de 2014
Agua sucia.
Pensemos: ¿necesitamos a ese 'alguien' de verdad o es sólo que nos hartamos de buscar y consideramos que el mínimo afecto es todo, cuando no es nada? Un día te hartas de pensar en lo que lleva tiempo rondándote la cabeza y dejas que la razón te guíe por un instante que quizás sólo sea eso: un instante; al momento vas a seguir igual que antes, vuelta a empezar, vuelta a tener en mente lo único que no debemos tener. Es complicado de explicar, lo intentaré:
En una pecera hay seis peces. Uno de ellos eres tú, valiente y arrogante queriéndote comer el mundo dentro de tu pecera. Crees que lo quieres todo, que siempre vas a necesitar a otro pez a tu lado apoyándote, y da la casualidad que los otros cinco peces están de tu parte; lo tienes todo. Intentas tener al primer pez, y al poco tiempo no aguanta. No le atosiga el agua sucia, el problema es que a ti te ha dejado de interesar su comida, él empieza a odiar tu forma de aletear, y os hartáis; seguís en la misma pecera, pero cada uno por su lado, sin mirar al que por un tiempo fue el mejor pez. Al segundo pez lo que le sucede es que aborrece la comida que le cedes, le das todo y él no te da nada, simplemente eres el que acaba con la aleta rota y las branquias hartas de luchar por respirar. El tercer pez llega cuando el segundo está en la marca de salida, cuando todo está rompiéndose y necesitas a alguien con quien compartir algas y burbujas. Este pez sigue, a pesar de las fracturas de espina, de cola, y de todas las noches esperando a que nos dieran comida; este sigue, y nunca se va. El cuarto pez lo da todo por ti, y tú por él. Todo. Este es el que no te abandona, el que soporta por ti todo lo que una pequeña pecera puede acontecer y más. El que no permite que te ahogues en ese diminuto espacio, y el que sólo pretende ayudarte para que logres convertirte en el pez que siempre quisiste ser. Este nunca se irá, nunca querrás que se vaya, porque cuando lo haga sí que morirás, no bastará toda la comida del mundo ni la pecera más grande que puedan concederte. Y bueno, llega el quinto. Este es el más complicado, con el que te peleas por nada, el que aborreces con sólo mirar. Pero da la casualidad que es el único que hace dejes por un momento de jugar por sólo pelear con él. Lo dejas todo si te dice algo, por insignificante que sea. Es el pez especial. El que deseas con todas tus fuerzas, el que ni por todo el oro del mundo querrías que se fuera de tu lado, porque es tu pez, tuyo.
No sé si me habéis entendido. Tú, el último pez, has logrado tener a tu manera a esos cinco peces, la mayoría no los has conseguido, y quieres seguir consiguiendo peces. Hasta que no haya más, y el que tenga que morir seas tú, porque has acabado con todo, no te queda nada. Mientras tanto seguirás con el tercer, cuarto y quinto pez; pero nunca sabrás cuando estos se vayan lo que pasará contigo, si seguirás necesitando a alguien, o si las branquias se te acostumbrarán a respirar sin agua.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)