martes, 26 de agosto de 2014
Alma de gato.
Creo que pocas veces he tenido ojeras moradas y a la vez los ojos hinchados, y hoy es una de ellas. Cogerle ganas a la vida y en pocos meses perderla. Es un fracaso más entre todos los que he tenido y tendré, pero por el momento me está consumiendo. Me está desgastando como una triste vela, pequeña y agotada, que tuvo su momento de luz pero alguien vino para apagarla. Espero poder recordar esto como algo que me hizo más fuerte y no como una época en la que mi pequeño mundo se derrumbó y nadie podía ayudarme a construirlo de nuevo.
Al mi lado siempre está ella, mi gata. Me mira y es como si me dijera 'eh, me estoy poniendo juguetona para ti', como si me ayudase inconscientemente. Lo genial que sería ser un gato. No sentir dolor por nada ajeno, no convertirse en un monstruo por factores externos, no vivir condicionado a los demás esperando a que alguien haga algo por ti cuando ni tú puedes salvarte. Ojalá viviera en un alma libre de culpa, en el que nada me detuviese ni nadie me pasase por encima. Ojalá pudiera agarrarme a la fuerza como ella se sujeta a un tronco de árbol. Ojalá yo fuera tan fuerte como para decir que no voy a caer nunca más; pero siempre está el precipicio y alguien empujándome al vacío, y ni soy un gato para sostenerme ni hay nada a lo que sujetarme.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario