Mentir.
Seres sin escrúpulos a los que no les importa dañar a otra persona. Mentir de verdad. Una mentira no es una piadosa, ni la que hacemos para proteger a alguien. Una mentira es un puñado de palabras que más que existir y dejar existir, consumen: al que comete el delito y el que, inocente, escucha como si al conocer la verdad no le fuera a doler.
Sabía que se me había dado bien mentir, pero no hasta qué punto. He mentido desde siempre, desde que pude hablar. He mentido para bien, para mal, para hacer daño, para no hacerlo. He mentido a gente que me quiere y a gente que me odia. He mentido para darles lo que querían escuchar, para no oír las quejas de quienes buscaban algo y no les gustó lo que yo les dí. He mentido para ocultar la parte de mí que no es necesario enseñar. No hay nada en lo que no haya mentido. Incluso miento cuando digo mi nombre. Miento cuando me preguntan que qué tal estoy. Miento en todo lo que puedo y más. No soy más que una egoísta que sólo repara en su supervivencia emponzoñada de ignorancia.
Ya no hay nada en lo que no haya mentido, pero hace unos meses sí. Lo único que me quedaba por jurar sin sentido era un "te quiero", y ahora que he malgastado tantos con alguien a quien no quiero de verdad me replanteo si después de todo soy una persona a la que merezca la pena acercarse. Si estuviera en el lugar de cualquiera de mi alrededor ni me acercaría, aún sin saber esto. Viven ciegos, esperando una verdad que nunca va a llegar y a una persona que no conocen.
Aunque bueno, ¿qué tomamos por verdad cuando hablamos por hablar y qué tomamos como mentira cuando nos esforzamos por estar en una realidad y no la alcanzamos?
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