jueves, 27 de diciembre de 2018
A mí, todavía.
martes, 18 de diciembre de 2018
A mí, otra vez.
A los miradores a los que todavía no he ido
lunes, 26 de noviembre de 2018
A Julia.
domingo, 25 de noviembre de 2018
Al nuevo.
Y otra vez siento que alguien me arropa,
me agarra de una costilla y saca lo que encuentra,
vacía mi baúl, lo remueve y me lo tira a la cara
solo para decirme que sigue ahí.
Ya no me asfixias con lo que todavía no sé,
ni detonas bombas;
pero cada día te fundes más en las llamas perdidas,
alimentas el destello mínimo que queda en mí,
y me aniquilas con ojos de porcelana.
Te has quedado y me has hecho desde dentro,
sin preguntar de más ni abrirte de menos,
despertando un volcán desde cenizas,
erupcionándome toda.
Por mucho humo que fueres
seguiría atenta al calor de mi pecho,
olvidaría las medias verdades,
preferiría quedarme encerrada
en esta efervescencia eternamente,
en la que tú fueras burbuja
y yo te mirara detrás del cristal.
Al antiguo.
En tu encanto están las medias verdades,
nunca me dejas ver la realidad
a no ser que la aparte yo
para verte.
Quiero que me digas lo que piensas,
que no me asfixies con lo que todavía no sé,
que te calles si no tienes nada más.
Eres un reto a mi paciencia,
el colmo de mi incredulidad,
un puñal a mi fe.
¿Has venido para hacerme creer en lo universal?
Quizás fugaz, te siento ardiente,
fundido con mis llamas perdidas,
extasiado de no tocarnos,
ahogado en la parte medio vacía del vaso,
sin ánimos de sentirme.
Detonas bombas, masacras bases fijas,
hundes planos, y te vas sin despedirte.
Porque sabes que detrás del
desastre hay otro más grande
esperándote.
Ojalá no seas humo y pueda respirarte,
puedas quedarte en mi cama
para hacerla desde dentro.
Ojalá me cierres las palabras
y me dejes encontrando el porqué
del calor en mi pecho.
domingo, 28 de octubre de 2018
A la lumbre.
Callao,
una llama en plata que no se quiere apagar.
Un alma roja, deshecho en cristales
de menos de diez centímetros de altura,
profundidad incolora.
Te veo en el humo de mis cilindros,
o quizás en las luces, pero blancas.
Donde estás, donde ya no hay tú,
donde ahora las visitas son por compromiso.
Tenías ojos de azúcar, nunca los vi azules.
Ampliados y fieles a quien eras,
bailaban pasodobles con la sota de bastos.
Quién pudiera haber sido cayado y mantener
te en pie la casa, para llorar tres días y verte
al cuarto durmiendo a las once.
Quién pudiera perder contra ti,
con trampas, pregonándolas, pregonándote.
Quién te viera los ojos, azules, y convertirlos en sus favoritos,
sentir desconfianza en los negros,
y saber que el querer estuvo en los tuyos.
Me cago en quien no se acuerde de quererte.
A mí.
más llena que nunca,
abrumada de tanto yo,
de tanta seriedad tan mía,
harta de consciencia.
Estoy gris, tallada en mármol,
quieta en un ruido mío que quiere salir.
Obstruida por mí, vaciada por mí.
Quiero no sentirme en los límites al estar
presente aquí, que mi pelo pare, se estanque
conmigo y separe mis elementos.
Estoy vacía, vacía de mí,
más vacía que nunca,
desvelada y sin cinturón,
abrumada de tan poco de mí,
de tanta seriedad nunca mía,
harta de inconsciencia.