miércoles, 12 de marzo de 2014

Asesino.


Te echo de menos. No sabes la falta que me haces, no te acuerdas de todos los “yo me acordaré de ti, siempre” que me dijiste y miranos ahora, yo sufriendo por alguien que probablemente ni se acuerde de mi la mitad de lo que yo de él y tú, que no hablas no sé por qué. Me siento sola sin ti, sin las risas que nos echábamos antes, sin todo ese cariño con el que me tratabas. Duele estar sin ti. Me hacías sentir viva. Era feliz cuando hablaba contigo. Las lágrimas se convertían en una sonrisa, que más adelante en una risa tonta. Eras mi principio y mi final. No éramos nada, ni yo quería que lo fuéramos y seguramente tú tampoco, pero el vacío que me has dejado me da a entender que eras más que un simple amigo. Eras un amigo, especial, que me trataba como alguien especial y me hacia sentir especial. Eras. Ahora eres esa persona que me hace llorar todas las noches por su recuerdo. Ahora eres alguien, que no conozco. Jamás voy a olvidarte, aunque tú probablemente ya lo hayas hecho. Cada vez que pienso en ti me duele, me duele hondo, no sé si es el alma, el corazón o simplemente es dolor psicológico, pero duele mucho, y el dolor es fuerte. A ratos pienso “eh, no es nadie para que estés llorando por él, tú vales más”, pero las palabras se van y vuelven las lágrimas, que sin avisar inundan mis mejillas cada noche. Intento olvidarte. Intento dejarte apartado de mi mente por un segundo. Pero no puedo. Me diste la vida y ahora tú te la has llevado contigo.

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