Querido, eres tan complicado. Me haces feliz, pero eres el motivo de mi desdicha. Me haces más fuerte, pero tu ausencia me debilita. La situación en sí es complicada. Somos complicados. No quiero quererte, y tú te dejas querer. Quererte me ayuda a sentirme segura del suelo donde piso y no caerme, pero también desearte tanto me hace temblar y perder el equilibrio, a veces hasta la cabeza.
No debo quererte.
Pero quiero.
No puedo.
Pero lo estoy haciendo.
Dicen que desde pequeña me ha gustado ser diferente, variar un poco de lo normal, me gusta el peligro, y no sé cómo lo he hecho para caer siempre en la trampa de lo prohibido. Eres prohibido.
La prohibición de tenerte solo me empuja a perseguirte, a intentarlo una vez más, pero hay un problema. Todo está en nuestra contra. Andamos en dirección contraria al viento, si nos dicen que no, seguimos la corriente, pero al rato me coges de la mano y me llevas al “si”. Me estás creando ilusiones, que solo hacen que te quiera querer cada día más, que te están haciendo olvidar a quien te hizo daño, y a mi a lo que me atormentaba. Quizá te esté ilusionando yo también a ti, quizá tú también pienses esto y la cobardía te congele las palabras, yo prefiero prender la llama cerca de las mías, y que vayan derritiéndose poco a poco, y así poder hablarte por fin, algún día, con la sinceridad que siempre he querido tener contigo, y la que me permita saber de ti.
Saber de nosotros.
O no saber.
No hay comentarios:
Publicar un comentario