No sé dónde estás, no sé dónde
quedaron esas huellas, no tengo ninguna idea de en qué lugar te
puedes estar escondiendo. En el cielo quizá. Desapareciste sin
decirme nada y sin aparentemente nada que contarme. A mi me quedaba
todo por confesarte. Me quedaba una vida entera por compartir
contigo, y te fuiste. Todavía recuerdo verte en ese sillón,
impotente, pensando en lo que iba a pasar después de ese día,
mirándome, y yo devolviéndote la vista. También recuerdo que eras
una de las pocas personas que me miraba con buenos ojos. Me decías
lo bonita que era aunque eso no fuese verdad, me defendías y querías
como nunca nadie lo había hecho. Fuiste como esos tornados tan
destructivos que pasan por zonas débiles y las debilita aún más.
Hacías mucha falta en mi mundo.
Al mes después iba a tu casa, y no te
veía, te buscaba con la mirada pero solo encontraba ausencia. No me
fue fácil acostumbrarme a estar sin ti, créeme. Que no te he
olvidado, joder. “¿Te sigues acordando de él?”. Esa pregunta.
Que si me sigo acordando. Acordarse es poco.

No hay comentarios:
Publicar un comentario