lunes, 3 de marzo de 2014

Mi amor, ¿qué más te has llevado contigo a parte de mi vida?


Él iba todos los días a la tumba de su mujer, recordando cada uno de los años que pasó con ella, los momentos vividos, las experiencias que le había brindado como padre, y lo mucho que extrañaba sus ojos, su boca, su vida, las ganas de vivir que desprendía. Ella se llevó consigo la fuerza en esa casa, la energía que él necesitaba para seguir adelante ya no estaba. La mujer a la que había acompañado hasta el fin de sus días, la mujer de su vida, ¿dónde estaba? La ausencia de esta le golpeaba el pecho cada noche, le gritaba en la mente, le presionaba el corazón. 

Mirando al mármol granate y grabado, soltó en voz alta, sin miedo a que alguien le escuchara, “te echo de menos”. Una lágrima cayó por su mejilla, pero no se la secó, quería que estuviera ahí, haciéndole sentir un poco menos solo en aquella vida, que hasta hacía unos meses tenía sentido, ahora no.
Apareció por su mente el recuerdo de sus hijos despidiéndose de su madre. La niña, su niña pequeña, solo 9 años, abrazando a su madre en aquella camilla de hospital. “Mamá, nunca te olvidaré, gracias por todo”. 
Otra lágrima.
Su mente era un caos, no sabía qué pensar o qué decir, cómo actuar ante la gente, cómo no estar destrozado durante los años que le quedaran de vida.
Por un momento cerró los ojos. Se imaginó cómo sería su vida si ella estuviera viva, viva y sana; al segundo se proyectó delante de sus ojos el momento en el que sus tres hijos y él, rotos, se abrazaron, rodeados de conmocionadas miradas.

Miró de nuevo a la foto de ella en el mármol.
“Estuve contigo hasta que te fuiste, y estaré contigo hasta que yo también me vaya” dijo antes de marcharse a casa, pensando en que el día siguiente, a la misma hora, la vería otra vez, su único consuelo.

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