¿Por dónde iba? Si, ya.
Hola. Cuánto tiempo, amigo. Te digo amigo porque esa parte tuya se fue hace tiempo, y ahora ha vuelto de nuevo. No debiste de cambiar de posición nunca, estabas bien donde estabas, cultivando mi felicidad y cuidando la tuya, pero a cierta distancia, manteniendo mi vida a salvo pero sin hacer peligrar la tuya. Hemos estado al límite, o por lo menos yo. Por culpa tuya, o mía, no lo tengo claro, pero no quiero que vuelva a pasar, no quiero que confundamos fronteras y pongamos los límites en territorios prohibidos, de propiedad ajena. No quiero confundirme, no quiero agobiarme, quiero seguir apoyándome en ti cuando me tiemblen las piernas, y hacer sentir débil a tu corazón con mis palabras, y ya según se vea, también hechos.
Quiero que mi mente no me juegue una mala pasada y me susurre “pretendes olvidarlo, pero no te voy a dejar”, y mi corazón me haga lo mismo, que haya un complot entre todos los órganos de mi cuerpo contra mí misma.
Ojalá cuando intente dejarte en tu sitio me cambie el chip y sea como esos robots modernos que hacen todo lo que se les pide, que ya están funcionando en locales de China como camareros y relaciones públicas. Ojalá sea capaz de centrarme en lo mío, en que tengo una vida por delante para sentir lo que he sentido por un momento contigo.
Pero que sigas a mi lado, amor.
Ni contigo ni sin ti.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminar